La conexión emocional con la comida

02 junio 2020

La mayoría de nosotr@s no estamos acostumbrados a sentir o tenemos tanto miedo de nuestras emociones que intentamos escapar de ellas de mil y una formas posibles.

Y una de estas formas es utilizar la comida como gestión emocional sin tener en cuenta las consecuencias que puede tener esta manera de actuar sobre nuestra salud.

Deberíamos de comer simplemente para nutrir el cuerpo pero dado que somos seres emocionales hemos desarrollado una relación tan compleja con la comida que nos resulta difícil cambiar.

El comer emocional es un patrón de conducta alimenticia que tenemos todos en menor o mayor medida. Empezamos a crearlo desde la cuna cuando asociábamos el amor y el cariño de nuestra madre con el alimento. Después aprendimos a calmar o evitar emociones desagradables como la ansiedad, la culpa o el miedo comiendo por ejemplo chocolate o dulces. Por un tiempo breve eso nos ayudaba a sentirnos mejor.

La comida es la base de nuestra vida social. La usamos para relajarnos después de un día de mucho trabajo o simplemente para salir del aburrimiento. Le tenemos cariño a ciertos alimentos y odiamos otros porque nos recuerdan como nos premiaban o castigaban nuestros padres.

Si por ejemplo cuando eras pequeñ@ tus padres te premiaban con un helado cuando te portabas bien ya tienes creado este vínculo con el helado y de adult@ sientes que mereces premiarte cuando has sido «buen@» de esta manera. 

Tengo un amigo que odia los espaguetis con tomate porque le recuerdan a su infancia cuando sus padres por no disponer de suficientes recursos económicos le han tenido que enviar a pasar una temporada en un centro de acogida para que cuiden de él. Los espaguetis le recordaban estas estancias y lo mal que lo había pasado allí y por eso no quería comerlos.

Cuando comemos por una causa emocional intentamos sustituir con el alimento alguna necesidad emocional. Esta manera de actuar nos convierte en adict@s a ciertos alimentos y crea hábitos de comer en exceso y sobrealimentar el cuerpo o, todo lo contrario, comer poco y haciendo dietas que en la mayoría de los casos provocan desequilibrios nutricionales.

Cuando sientes que no puedes sin algún alimento en concreto tu comportamiento es igual a cualquier otra adicción ya sea alcohol, tabaco, drogas, etc. Piensas que si comes la ansiedad que sientes se va a aliviar y eso es así porque la energía se desvía temporalmente hacia la digestión pero cuando el proceso digestivo termina la ansiedad volverá y con más fuerza.

Así que hasta que no te ocupes de la verdadera causa que en este caso es la ansiedad no vas a poder gestionarla con la comida y tu cuerpo sufrirá los efectos de procesar más alimentos de los que necesita y encima digerirlos y asimilarlos mal porque el estado emocional influye mucho sobre el proceso digestivo.

Por otra parte si deseas abandonar los alimentos a los que estás adict@ esto puede desencadenar un terrible conflicto con la alimentación porque no sólo tendrás que lidiar con la conexión emocional que tienes con estos alimentos sino también con el síndrome de abstinencia que en este caso serían los síntomas de desintoxicación.

En segundo lugar el comer emocional hace que las personas comen en exceso y el efecto de esta conducta es la obesidad y el aumento de la toxemia corporal. Normalmente la causa es una carencia afectiva de amor y cariño que se pretende compensar con la comida. Pero como el vacío interno no puede ser llenado con comida física al final se hace más grande.

Comer en exceso se produce también por tener una imagen negativa de uno mism@. Y como no me gusto a mi mism@ me vuelvo obes@ y poco atractiv@ para convencerme de que esto es verdad. Mi creencia se ha convertido en una profecía autocumplida.

Comer poco y hacer dietas también es un problema emocional y psicológico. Muchas personas se ponen a dieta torturándose y castigándose para erradicar defectos corporales reales o imaginarios. Para sufrir después de la dieta los famosos efectos rebote que los vuelven de nuevo en el punto inicial y con un «valor» añadido de sentimientos de frustración, ira y fracaso porque su privación no ha servido de nada.

Cuando se emprende una dieta para adelgazar el cuerpo empieza un proceso de limpieza no sólo físico sino también emocional. Como la cantidad de energía disponible aumenta puede ser utilizada del sistema nervioso para la gestión emocional. Por lo cual las emociones se intensifican y afloran a la superficie muchas que han sido reprimidas y tapadas con la comida.

Así que por una parte está el sentimiento de privación y la nostalgia por ciertos alimentos y por otra parte toda la montaña rusa emocional de ansiedad, culpa, confusión, impotencia, soledad y miedo.

El resultado final es una dieta sin resultado y la persona se queda sintiéndose una fracasada, convencida de que no ha tenido suficiente fuerza de voluntad.

No es cuestión de voluntad sino de consciencia.

La toma de consciencia es el primer paso para cualquier cambio que se desea en la vida. Y sólo actuando desde el amor podemos crear una relación sana tanto con la comida como con nuestro cuerpo.

Para poder gestionar el comer emocional y no dejar que sean tus emociones las que te impulsan a comer te propongo las siguientes pautas:

⇒  Aprende a reconocer el impulso que te lleva a comer y date tiempo para reflexionar si se debe a una necesidad emocional o de una fisiológica. Pregúntate si tienes hambre y cuéntate la verdad. Si no estás segur@ la mejor forma es esperar media hora. La verdadera hambre después de media hora no va a desaparecer. Pero si desaparece significa que es falsa.

Puedes escribir en un diario sobre tus emociones y hacer un seguimiento de su progreso. ¿Cómo me siento antes de comer? ¿Qué es lo que necesito en este momento? ¿Cómo me siento después de comer eso que pensaba que me va a ayudar con esta emoción?

⇒  Busca alternativas para cambiar el hábito de comer por una causa emocional. Cuando se crea un hábito primero hay una señal que te impulsa a hacer algo determinado para recibir una recompensa. 

En el caso del comer emocional la señal es la emoción incómoda que sientes o la placentera que te gustaría sentir y la comida es el camino que te llevará a la recompensa de sentir un bienestar. Pero hay muchas otras formas de llegar a esta recompensa así que pon en marcha tu creatividad y elabórate una lista de actividades que pueden satisfacer tu necesidad emocional.

⇒  Edúcate sobre los alimentos. El conocimiento es poder y cuando comprendes los efectos adictivos a nivel físico que tienen algunos alimentos como por ejemplo los procesados, los azucares refinados o el café más fácil te será a la hora de elegir si comerlos o no. Recuerda que una adicción a nivel físico tiene mucho poder emocional y es el desencadenante perfecto para comer. 

Te dejo con la siguiente reflexión:

Siempre hay una buena causa emocional para comer pero nunca una buena razón para hacerlo.

Espero que te ayuden estas recomendaciones y si necesitas que sea yo tu entrenadora para que mejores tu relación con la comida y por consiguiente tu salud puedes conocer los detalles de mi programa aquí.

2 Comentarios

  1. Adriana

    Hola Kalinka. La información está de maravilla. Muy sensata . A mi personalmente me encantó. Muchas gracias. Yo estoy pasando por unos cambios emocionales muy fuertes acompañados de mucha ansiedad, estoy en la plena menopausia y no tengo ningún tipo de acompañamiento, ni de doctor ni de familia ni de amigas. Tengo a Dios y es la ayuda que trato para salir adelante y no desfallecer ya que tengo mucho sentimiento existencial. Gracias nuevamente por toda su ayuda. Mil bendiciones 🤗

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    • Kalinka Ivanova

      Gracias Adriana por tus palabras.Siento mucho por lo que estás pasando pero recuerda que aunque no tengas ahora mismo ninguna ayuda externa siempre te tienes a ti:)))

      Un abrazo

      Responder

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